Unidos por la salud

Pertenece y transforma la comunidad de pacientes

Acabamos de pasar septiembre, el mes de la vuelta al colegio, el del inicio del año no-oficial para muchas personas y el del regreso a la rutina para quien la haya perdido. Es la época de “volver a empezar”, como aquella película de Garci, que nos da a entender que la vida continúa. Lo hemos visto en las redes y los medios, que en los últimos días se han llenado también de publicaciones sobre la prevención del suicidio. Han sido muchos los profesionales de la salud que han hablado de esta realidad doliente y compleja, en un intento de poner sobre la mesa lo que está sucediendo con el deseo de que cambie.

Y, ¿qué es lo que sucede? Los datos dicen que en 2024 descendió el número de suicidios consumados en la población española por segundo año consecutivo: casi 4.000 personas, de las que tres de cada cuatro eran varones, con dos picos de edad clave: entre los 50–59 años y más de 69 años. Sin embargo, pese a disminuir el número de personas que ponen fin a su vida, la atención en urgencias – y aquí hablo de mi experiencia y la de compañeros – es la de un goteo constante y diario de ideaciones o gestos autolíticos, especialmente en mujeres jóvenes.

El sufrimiento psíquico genuino y el malestar vital no tolerado se entremezclan, emplazando a los profesionales a una labor titánica, y en ocasiones a contrarreloj, de discernimiento, poniendo el criterio médico al servicio de unos recursos sanitarios limitados que mal utilizados pueden generar iatrogenia.

Contexto

Poder identificar un trastorno mental grave subyacente a dicha ideación o gesto es fundamental a la hora de determinar el tipo de ayuda que brindar; sin embargo, es clave al hablar del suicidio abordar la complejidad de dicho fenómeno, alejándonos de causalidades basadas en diagnósticos y aproximándonos a un manto de factores contextuales (economía, sociedad, familia) y existenciales.

Precisamente por eso, no nos podemos olvidar de las familias, quienes buscan ayuda al tiempo que intentan comprender lo que le sucede a quien está a su lado; por eso, cuando se encuentran al límite de sus fuerzas, qué humano es también sostener al cuidador que no puede más, barriendo la culpa y la frustración con palabras de consuelo y de fortaleza, de reconocimiento y de esperanza.

Evolución

De este modo, tanto psiquiatras como psicólogos ofrecemos a las personas lo mejor de nosotros en momentos de crisis. Buceamos en su historia para entender qué ocurre de forma longitudinal, nos formamos para ayudar a encontrar un sentido vital, tratando de desplegar los recursos sociales disponibles, con las limitaciones inevitables, para evitar que dicho desenlace suceda.

Observamos alrededor a nuestros compañeros de profesión, muchos de nosotros agotados y frustrados, porque más allá de las cifras, intuimos un problema que trasciende lo sanitario y se envuelve en lo filosófico de forma muy tangible. Resulta necesario, por tanto, hablar del vacío existencial acuciante, la ausencia de espiritualidad y la falta de propósito, signos de una vida ponderada en términos utilitaristas que hace que los discursos antagónicos sobre la vida se entremezclen.

En medio de esta situación y con el gran riesgo de caer en el nihilismo, ¿qué hacer? Solo puedo pensar en la “magnífica humanidad” que somos y en la decisión que estamos instados a tomar. Quiero optar por la esperanza, por la fraternidad, por el darse a los demás y seguir ofreciendo lo mejor que tenemos con el anhelo de ayudar al que lo necesita. Sin discursos y sin polaridades, todos juntos, apostando por la construcción de vidas con un sentido, con propósito y con un lugar en la sociedad. Quizá así encontremos el camino para volver a empezar cada septiembre con la idea de que la vida sí merece ser vivida.

Artículo elaborado por: Ana Fernández Villar, coordinadora del Área Sanitaria de Salud Mental en Fundación Hospitalarias Cantabria

Ana Fernández nos habla sobre la prevención del suicidio

Un equipo de investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) ha identificado una fase hasta ahora desconocida en el desarrollo de las metástasis cerebrales durante la cual las células cancerosas presentan una vulnerabilidad que podría aprovecharse para eliminarlas. El descubrimiento abre nuevas posibilidades para prevenir la aparición de metástasis en el cerebro y reducir el riesgo de recaída después de una intervención quirúrgica, aunque su aplicación en pacientes todavía requiere nuevos estudios y ensayos clínicos.

La investigación, publicada en la revista científica Cancer Cell, ha sido liderada por Manuel Valiente, jefe del Grupo de Metástasis Cerebral del CNIO, y ha contado con la participación de más de 70 investigadores de una veintena de instituciones nacionales e internacionales.

Tras seis años de trabajo, los científicos han demostrado en modelos animales que tres fármacos pueden eliminar micrometástasis cerebrales antes de que se conviertan en lesiones detectables mediante las técnicas diagnósticas actuales. Dos de estos medicamentos ya están aprobados para otras indicaciones, una circunstancia que podría facilitar el desarrollo de futuras investigaciones clínicas.

Vulnerabilidad

La metástasis se produce cuando células cancerosas procedentes de un tumor primario se diseminan por el organismo y consiguen establecerse en otros órganos. Se trata de un proceso complejo, relacionado con la mayoría de las muertes por cáncer, cuya detección temprana continúa representando uno de los grandes desafíos de la oncología. Hasta ahora se sabía que las células tumorales que llegan a un nuevo órgano deben adaptarse a un entorno diferente al de su tumor de origen. Muchas no consiguen sobrevivir, pero algunas desarrollan mecanismos que les permiten establecerse y proliferar.

La novedad identificada por el CNIO es que las células que sobreviven atraviesan una fase transitoria denominada «pausa proliferativa», durante la cual detienen temporalmente su multiplicación mientras buscan estrategias para adaptarse al nuevo ambiente. Los investigadores han descubierto que precisamente durante este periodo presentan determinadas vulnerabilidades moleculares que pueden aprovecharse mediante tratamientos farmacológicos.

«El hallazgo representa el inicio de la carrera por la prevención de la metástasis», ha explicado Manuel Valiente, quien destaca que esta etapa abre una oportunidad para actuar sobre la enfermedad antes de que provoque síntomas.

Tres fármacos

El equipo ha identificado los mecanismos moleculares que intervienen en esta pausa proliferativa y ha estudiado cómo bloquearlos para impedir que las células cancerosas completen su adaptación. Pedro García-Gómez, primer autor del trabajo e investigador del Grupo de Metástasis Cerebral del CNIO, explica que el análisis de estas lesiones microscópicas permitió localizar moléculas sobre las que ya actúan determinados medicamentos.

«Como existen fármacos cuyas dianas son precisamente esas moléculas, probamos tres de ellos en modelos animales», señala el investigador. Los resultados mostraron que los tratamientos lograron eliminar las micrometástasis antes de que alcanzaran un tamaño suficiente para ser detectadas clínicamente.

Además de los experimentos en ratones, el estudio ha utilizado muestras humanas de metástasis cerebrales facilitadas por el consorcio británico PEACE y la Red Nacional de Metástasis Cerebral (Renacer), creada por el propio Valiente en 2021. Estas muestras han permitido estudiar lesiones microscópicas que habían pasado inadvertidas durante la vida de los pacientes y comprobar la actividad de los tratamientos en tejido humano. No obstante, estos resultados experimentales todavía no permiten concluir que los medicamentos sean eficaces para prevenir metástasis en personas.

Evitar recaídas

Una de las posibles aplicaciones del descubrimiento se encuentra en la prevención de las recaídas tras la extirpación quirúrgica de una metástasis cerebral. Los científicos han observado que algunos mecanismos moleculares presentes durante la fase vulnerable de las micrometástasis también aparecen en los frentes invasivos de lesiones ya establecidas.

Este hallazgo sugiere que los medicamentos estudiados podrían utilizarse para actuar sobre células cancerosas residuales que favorecen la reaparición de la enfermedad. Sin embargo, la prevención de las metástasis cerebrales antes de que sean detectables todavía no es una posibilidad clínica, ya que no existen pruebas diagnósticas ni biomarcadores capaces de identificar con suficiente precisión estas lesiones microscópicas.

Por ello, los investigadores trabajan actualmente en dos direcciones: determinar qué combinaciones farmacológicas ofrecen mejores resultados y desarrollar biomarcadores que permitan detectar las micrometástasis en sus primeras etapas. El objetivo a medio y largo plazo es poner en marcha ensayos clínicos que evalúen la eficacia y seguridad de estas estrategias en pacientes.

El deporte como herramienta para mejorar el bienestar físico y emocional, fomentar la autonomía y crear vínculos entre personas que comparten una misma enfermedad. Sobre esta idea se articula el proyecto de la Fundación Red Parkinson, una entidad sin ánimo de lucro que acaba de presentarse en Madrid. Tiene el objetivo de impulsar una red de apoyo para las personas con párkinson y sus familias, utilizando el tenis de mesa adaptado como punto de partida.

Constituida en enero de 2025, esta organización quiere facilitar el acceso a actividades deportivas adaptadas y generar espacios de convivencia en los que pacientes, familiares y voluntarios puedan compartir experiencias. Su puesta de largo ha servido también para reclamar más instalaciones deportivas accesibles y anunciar una investigación destinada a conocer mejor los posibles beneficios del tenis de mesa en esta enfermedad neurodegenerativa.

«El tenis de mesa es un gran aliado para enfrentarse a la enfermedad, tanto a nivel físico como anímico, pero nosotros en la Fundación lo vemos como punto de partida para mucho más, dando otros servicios y apoyo tanto a los pacientes como a sus familias», ha explicado José Antonio Alonso, presidente de Red Parkinson. Para Alonso, el concepto de red es precisamente lo que define la vocación de la entidad: conectar a las personas afectadas y facilitar que encuentren acompañamiento y oportunidades para mantener una vida activa.

Punto de partida

El proyecto parte de una actividad deportiva, el tenis de mesa, que exige coordinación, atención y movimiento, y que puede adaptarse a las capacidades de cada participante. La intención de la fundación es convertir su práctica en una oportunidad para desarrollar actividad física y, al mismo tiempo, favorecer la socialización.

Para facilitar la participación, Red Parkinson pone a disposición de las personas interesadas el material necesario, instalaciones y un equipo de monitores sensibilizados con las características de la enfermedad. La entidad también contempla la incorporación de voluntarios que quieran colaborar en las actividades y contribuir al acompañamiento de los pacientes y sus familias.

Durante su presentación, la fundación solicitó que las administraciones locales cuenten con espacios deportivos accesibles y adaptados que permitan practicar deportes como este en condiciones de seguridad. Esta petición responde a la necesidad de eliminar barreras que pueden dificultar que las personas con párkinson incorporen el ejercicio físico a sus rutinas. La iniciativa aspira, además, a que estos espacios se conviertan en lugares de encuentro donde las personas afectadas puedan mantener relaciones sociales y compartir experiencias con otras familias.

Investigación

Uno de los anuncios realizados durante la presentación ha sido la puesta en marcha de PING-PARK, un proyecto de investigación que analizará la experiencia de las personas con párkinson que practican tenis de mesa y su repercusión en el entorno de cuidados.

La investigación estará impulsada por el Instituto de Investigación Enfermera del Consejo General de Enfermería (CGE), junto a un fisioterapeuta, y contará con la colaboración de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica (SEDENE) y su Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento. En fases posteriores se incorporarán profesionales de otras disciplinas sanitarias, con el propósito de desarrollar un abordaje multidisciplinar.

Guadalupe Fontán, coordinadora del Instituto de Investigación Enfermera del CGE, ha destacado la importancia de generar conocimiento científico sobre esta actividad y su relación con el bienestar de las personas afectadas. «Necesitamos generar evidencia científica que nos permita conocer la experiencia vivida del tenis de mesa en personas con párkinson y su significado en el entorno de cuidados y, sobre todo, hacerlo teniendo en cuenta las necesidades reales de quienes conviven con la enfermedad», ha señalado.

¿Cómo afecta el cáncer de pulmón a la vida cotidiana de quienes conviven con esta enfermedad? ¿Qué necesidades de apoyo tienen los pacientes y sus familiares? ¿Qué aspectos de la atención sanitaria podrían mejorarse? Estas son algunas de las cuestiones que pretende abordar la nueva encuesta europea impulsada por Lung Cancer Europe (LuCE), que ha abierto un proceso de participación dirigido a personas diagnosticadas de cáncer de pulmón y a quienes las cuidan o han cuidado.

Bajo el título Vivir con cáncer de pulmón: calidad de vida y necesidades de apoyo, la iniciativa busca recoger experiencias personales que permitan conocer mejor el impacto físico, emocional y social de esta enfermedad, así como identificar las necesidades que pueden aparecer durante las diferentes etapas del proceso asistencial.

La organización anima a participar a todas las personas mayores de 18 años que hayan recibido un diagnóstico de cáncer de pulmón y residan en Europa. También pueden responder familiares, amistades y otras personas que actualmente cuidan o hayan cuidado a alguien con esta enfermedad, siempre que no desempeñen funciones de apoyo remuneradas ni participen en calidad de profesionales sanitarios.

La participación es completamente anónima y se realiza a través de un cuestionario online que requiere aproximadamente 15 minutos.

Vida diaria

La encuesta parte de la necesidad de comprender la experiencia de las personas afectadas más allá de los indicadores estrictamente clínicos. Aunque los tratamientos y el seguimiento médico constituyen una parte fundamental de la atención oncológica, la enfermedad también puede modificar numerosos aspectos de la vida cotidiana.

En este sentido, el cuestionario aborda la calidad de vida como un concepto amplio que incluye la salud física, el bienestar emocional, las relaciones personales y la capacidad para desarrollar las actividades habituales. También contempla la participación en la vida laboral, social y familiar, dimensiones que pueden verse condicionadas tanto por la propia enfermedad como por las circunstancias que atraviesa cada persona durante su proceso asistencial.

A través de las respuestas, Lung Cancer Europe pretende identificar prioridades y necesidades específicas de atención y apoyo, con el propósito de poner de relieve oportunidades para mejorar la asistencia sanitaria.

Cuidadores

Uno de los aspectos destacados de esta investigación es que incorpora expresamente la perspectiva de las personas cuidadoras, cuya experiencia puede resultar diferente de la de quienes han recibido el diagnóstico. Los familiares, amistades y otras personas que proporcionan apoyo no remunerado pueden participar tanto si actualmente cuidan a alguien con cáncer de pulmón como si lo hicieron en el pasado.

En su caso, la organización solicita que respondan basándose en sus propias vivencias y opiniones, y no en nombre de la persona diagnosticada. De esta manera, el estudio pretende conocer también las necesidades de quienes acompañan a los pacientes durante la enfermedad, reconociendo su papel dentro del entorno de cuidados. Eso sí, la encuesta no contempla la participación de profesionales sanitarios ni de personas que desempeñan funciones de apoyo remuneradas.

Cómo participar

Las personas interesadas pueden acceder directamente al cuestionario online de Lung Cancer Europe. El cuestionario no solicita el nombre ni otros datos que permitan identificar directamente a los participantes. Además, no existen respuestas correctas o incorrectas y cada persona puede decidir qué preguntas desea contestar, aunque los organizadores recomiendan completar la encuesta para obtener una visión más amplia de las experiencias recogidas.

Lung Cancer Europe desarrolla este proyecto con el apoyo de la Fundación Más Que Ideas. Las experiencias recogidas contribuirán a la elaboración de un informe europeo sobre la calidad de vida y las necesidades de apoyo de las personas afectadas por el cáncer de pulmón. Según la organización, la publicación está prevista para marzo de 2027 y podrá consultarse gratuitamente en su página web.

La Federación Española de Diabetes (FEDE) ha reivindicado la necesidad de garantizar que los avances tecnológicos y sanitarios lleguen a todas las personas con diabetes, independientemente de su lugar de residencia o sus circunstancias personales. Esta petición ha marcado el X Congreso Nacional de FEDE, celebrado en Valladolid, que ha reunido a cerca de 350 participantes y ha coincidido con el 40 aniversario de la organización.

Bajo el lema Unidos somos escuchados, el encuentro ha servido para hacer balance de cuatro décadas de reivindicaciones y abordar algunos de los principales desafíos que afrontan los pacientes, desde la digitalización sanitaria hasta el estigma asociado a la diabetes tipo 2.

Durante la inauguración, Juantxo Remón, presidente en funciones de FEDE, recordó algunos de los logros alcanzados por el movimiento asociativo, como la reforma del Reglamento General de Conductores en 2004, la financiación pública de los sistemas de monitorización de glucosa desde 2018 y la eliminación de la exclusión por diabetes en el acceso al empleo público.

«Los derechos que hoy nos parecen evidentes costaron años de trabajo. Esa es la mayor lección de estos 40 años: unidos somos escuchados», afirmó Remón, quien insistió en que «el código postal no puede seguir marcando diferencias en salud».

Datos sanitarios

Uno de los asuntos centrales del congreso ha sido el futuro Espacio Europeo de Datos de Salud, que plantea nuevas posibilidades para compartir información sanitaria y utilizarla en la investigación. Laura Centeno, investigadora del CSIC y de la Universidad de Murcia, explicó que el nuevo marco europeo contempla la interoperabilidad de las historias clínicas electrónicas y su accesibilidad entre centros sanitarios. También destacó el derecho de autoexclusión, que permitirá a los pacientes decidir sobre determinados usos secundarios de sus datos.

Sin embargo, los participantes advirtieron de que estos avances podrían profundizar las desigualdades si no se acompaña a quienes tienen dificultades para utilizar las herramientas digitales. Alfredo Ledesma, vicepresidente segundo de FEDE, recordó que más de la mitad de la población nunca ha accedido a su historia clínica electrónica y que una de cada cinco personas no sabe o no puede utilizar internet.

«Nadie se puede quedar atrás», reclamó Ledesma, quien también defendió que la información procedente de los sensores de glucosa y las bombas de insulina se integre efectivamente en las historias clínicas. Desde la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP), Alberto Tortosa reivindicó la participación de los pacientes en la gobernanza de los datos y destacó la importancia de mejorar la alfabetización sanitaria para que puedan ejercer sus derechos.

Diabetes tipo 2 y prejuicios

El estigma asociado a la diabetes tipo 2 ocupó otro de los debates del encuentro. María José Salmerón, secretaria de la Junta Directiva de FEDE, compartió su experiencia tras haber convivido con un diagnóstico erróneo de diabetes tipo 2 hasta que se confirmó que tenía diabetes tipo 1. «La diabetes sigue arrastrando la idea de que es una enfermedad de falta de fuerza de voluntad, y la persona que la tiene se lo acaba creyendo», lamentó.

Salmerón reconoció los avances conseguidos en educación terapéutica y acceso a la información, pero advirtió de que todavía queda mucho por hacer para comprender las dimensiones clínicas, emocionales y sociales de la enfermedad. También reclamó que las personas con diabetes tipo 2 puedan acceder a los sistemas de monitorización continua de glucosa.

En este sentido, el endocrinólogo Pedro José Pinés destacó la evolución de los tratamientos, que actualmente permiten abordar también las complicaciones cardiovasculares y renales. No obstante, señaló que persisten dificultades de accesibilidad y reclamó adaptar los horarios de consulta a las necesidades de los pacientes.

Asociacionismo

La educación terapéutica y el acompañamiento entre iguales estuvieron presentes a lo largo del congreso. Yolanda López, representante de la Federación de Enfermería Comunitaria y de Atención Primaria (FAECAP), defendió un modelo educativo adaptado a las circunstancias personales, que evite culpabilizar a quienes conviven con diabetes. Y coincidió con otros ponentes en la importancia de fomentar el asociacionismo como herramienta de apoyo, aprendizaje y participación.

El encuentro incluyó además ocho talleres prácticos sobre monitorización de glucosa y cuerpos cetónicos, prevención, alimentación, nuevas tecnologías y bienestar. También se habilitó un espacio específico para jóvenes, coordinado por FEDE Joven, en el que compartir experiencias relacionadas con la enfermedad.

La salud mental tuvo igualmente un papel destacado. Durante los debates se puso de manifiesto la necesidad de incorporar la valoración del estrés relacionado con la diabetes a la atención habitual y facilitar el acceso a profesionales especializados. Además, el evento sirvió para entregar las becas FEDE–Novo Nordisk y los Premios FEDE–Mercedes Sánchez Benito.

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La supervivencia no debería ser el único indicador para determinar el beneficio de un tratamiento contra el cáncer. La autonomía personal, la capacidad para desarrollar las actividades cotidianas, los efectos secundarios y el bienestar emocional también deben tenerse en cuenta a la hora de evaluar y financiar los medicamentos oncológicos. Esta es la principal reivindicación del informe Vivir más y mejor, presentado en el Congreso de los Diputados por AstraZeneca en colaboración con la Alianza frente a la Metástasis: Innovación y Apoyo (ALMIA).

El documento, elaborado por un grupo multidisciplinar de profesionales sanitarios, especialistas en evaluación de tecnologías sanitarias y representantes de pacientes, propone incorporar parámetros de calidad de vida a los ensayos clínicos, las decisiones de financiación y el seguimiento asistencial.

«Cuando hablamos de calidad de vida del paciente oncológico, hay que mirar más allá de la supervivencia: hablamos de la toxicidad del tratamiento, de los efectos secundarios, de cuánto tiempo y en qué medida podemos mantener nuestra autonomía en el día a día», explica Pilar Fernández, presidenta de ALMIA y una de las autoras del informe.

Participación

Una de las principales propuestas del documento es garantizar que las organizaciones de pacientes intervengan directamente en la definición de los indicadores utilizados para evaluar los tratamientos. Actualmente, la valoración de los medicamentos oncológicos se centra en parámetros como la supervivencia global, el tiempo durante el cual la enfermedad permanece sin progresar y la respuesta tumoral. Sin embargo, estos indicadores no siempre reflejan las consecuencias del tratamiento sobre la vida cotidiana.

«La voz del paciente debe incorporarse de manera estructural: desde la definición de los resultados hasta la interpretación final», defiende Fernández. La presidenta de ALMIA considera imprescindible que los representantes de pacientes participen en los consejos de gobernanza y las comisiones de adopción de tecnologías sanitarias, «no solo como observador, sino como actor decisorio», contribuyendo a determinar qué resultados son verdaderamente significativos.

Esta reivindicación cobra especial importancia cuando existen varias alternativas terapéuticas con beneficios clínicos similares, pero con diferencias en sus efectos secundarios o en su impacto sobre la autonomía.

Medir el bienestar

El informe propone establecer un sistema común de evaluación de la calidad de vida basado en tres componentes complementarios. El primero permitiría medir aspectos generales, como la movilidad, el bienestar emocional y la capacidad para realizar actividades cotidianas. El segundo recogería síntomas y limitaciones específicos de cada tipo de cáncer. Finalmente, un tercer componente evaluaría la toxicidad de los tratamientos, incluyendo su duración y sus consecuencias funcionales.

Entre los efectos que podrían identificarse mediante este modelo se encuentran la fatiga persistente, la neuropatía periférica o la diarrea crónica, que pueden condicionar considerablemente la vida diaria de los pacientes. El documento también plantea utilizar cuestionarios cumplimentados directamente por las personas afectadas, conocidos como medidas de resultados reportados por el paciente (PROMs), e integrarlos en la historia clínica electrónica.

De esta manera, los profesionales podrían detectar antes un empeoramiento, modificar tratamientos o adelantar revisiones mediante sistemas de alertas automáticas.

Decisiones de financiación

El informe sitúa estas propuestas en el contexto del nuevo marco europeo de evaluación de tecnologías sanitarias y del Real Decreto 415/2026, que regula esta materia en España. Según sus autores, la calidad de vida ya aparece en determinadas evaluaciones sanitarias, pero su utilización continúa siendo heterogénea y su influencia en las decisiones de financiación no está suficientemente estructurada.

Para avanzar hacia una aplicación homogénea, proponen incorporar estos indicadores a las estrategias oncológicas autonómicas, establecer estándares comunes y estudiar la creación de un órgano central de gobernanza que supervise su implantación. También consideran necesario reforzar la coordinación entre administraciones, hospitales, profesionales sanitarios y organizaciones de pacientes.

Para alcanzar estos objetivos, el documento marca una hoja de ruta que establece ocho líneas de actuación distribuidas en tres ámbitos: estratégico, organizativo y clínico-metodológico. Entre ellas figuran reconocer formalmente la calidad de vida como un indicador del valor terapéutico, implantar herramientas electrónicas de seguimiento, formar a los profesionales y garantizar la participación estructurada de los pacientes.

El documento también propone que los centros especializados incorporen esta medición a sus procedimientos habituales y que se establezcan mecanismos de auditoría para comprobar su aplicación. Para Pilar Fernández, conseguirlo exige que las administraciones sanitarias asuman responsabilidades concretas y que la experiencia de los pacientes tenga consecuencias reales sobre las decisiones.

  • ¿Quieres consultar el documento? Puedes hacerlo aquí:
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