La salud visual de la mujer puede verse afectada durante la menopausia, una etapa marcada por importantes cambios hormonales que influyen directamente en el funcionamiento y equilibrio del sistema ocular.  La reducción de los niveles de estrógenos y andrógenos puede modificar el funcionamiento de la superficie ocular y de las estructuras responsables de mantener una correcta hidratación del ojo.

Una de las consecuencias más habituales es el ojo seco, una patología que afecta aproximadamente a uno de cada cinco adultos en España y que tiene una especial incidencia entre las mujeres, según los datos del estudio PrevEOS. Es habitual que durante esta etapa las pacientes consulten por molestias como escozor, sensación de cuerpo extraño, enrojecimiento o episodios de visión borrosa. Aunque pueden parecer síntomas menores, es importante valorarlos y no asumir que forman parte inevitable de la menopausia.

Hormonas

La película lagrimal necesita mantener un equilibrio adecuado para proteger la superficie del ojo y garantizar una visión nítida. En este proceso intervienen diferentes hormonas que pueden verse alteradas durante la menopausia. Los estrógenos y andrógenos están relacionados con la estabilidad de la superficie ocular y el funcionamiento de las glándulas de Meibomio, encargadas de producir la capa grasa de la lágrima. Esta capa evita que la lágrima se evapore demasiado rápido.

La disminución hormonal puede alterar este mecanismo y provocar una mayor evaporación de la lágrima, inflamación y molestias. De ahí que algunas mujeres experimenten sequedad ocular, irritación, lagrimeo o visión fluctuante durante esta etapa.

Además, pueden aparecer otros síntomas como mayor sensibilidad a la luz, cansancio ocular o cambios puntuales en la graduación, que pueden resultar especialmente molestos al utilizar dispositivos digitales o realizar tareas que requieren una atención visual prolongada.

Atención al glaucoma

La relación entre las hormonas y la salud ocular también se estudia en patologías como el glaucoma (primera causa de ceguera irreversible en el mundo). Los estrógenos podrían tener un cierto efecto protector frente a esta enfermedad, por lo que la reducción de sus niveles podría influir en el riesgo de desarrollarla, especialmente cuando la menopausia aparece de forma temprana.

El glaucoma requiere una especial vigilancia porque puede desarrollarse sin síntomas en sus fases iniciales. La pérdida de visión que provoca es irreversible, por lo que la detección precoz mediante revisiones oftalmológicas resulta fundamental.

Revisar la visión

La aparición de síntomas debe ser un motivo para consultar con un especialista, pero las revisiones periódicas también son importantes, aunque no existan molestias aparentes. Un control oftalmológico permite identificar cambios que pueden pasar desapercibidos y establecer, cuando es necesario, un tratamiento adaptado a las necesidades de cada paciente.

El cuidado diario también puede contribuir a mantener una buena salud ocular. Beber suficiente agua, mantener una alimentación variada que incluya fuentes de omega-3 y antioxidantes, utilizar protección frente al sol y hacer pausas durante el uso de pantallas son medidas sencillas que pueden ayudar a reducir las molestias.

Ojo seco

Existen tratamientos avanzados para abordar el ojo seco de forma personalizada. Algunos favorecen la regeneración de la superficie ocular y ayuda a reducir la inflamación; otros pueden mejorar el funcionamiento de las glándulas de Meibomio y la estabilidad de la lágrima.

Disponemos de tratamientos que permiten actuar sobre el origen del problema y no solo sobre sus síntomas. Un diagnóstico preciso es clave para determinar la opción más adecuada para cada paciente. Cuidar la salud ocular también forma parte del bienestar durante la menopausia. Identificar los síntomas y realizar controles oftalmológicos periódicos permite detectar posibles alteraciones y mantener una buena calidad visual durante esta etapa.

Por: Laura Porrúa, especialista de Miranza Instituto Gómez-Ulla