La vacunación sigue siendo una de las principales herramientas de prevención sanitaria, pero su utilización no es homogénea a lo largo de la vida. Mientras las coberturas infantiles superan el 95%, en la población adulta la cobertura media se sitúa en torno al 29%, según los datos del Observatorio PAI recogidos durante el IV Encuentro de Vacunas y Salud Global de la Fundación Gaspar Casal. El contraste ha llevado a expertos, responsables sanitarios y representantes de pacientes a reclamar un mayor impulso de la inmunización de las personas adultas, especialmente entre quienes presentan enfermedades crónicas o factores de riesgo.
La vacunación en la edad adulta puede prevenir infecciones, complicaciones, hospitalizaciones y fallecimientos, pero también plantea retos relacionados con la equidad territorial, la identificación de las personas que deben vacunarse y la incorporación de la innovación a los programas de salud pública. Así lo expusieron Pedro Gullón, director general de Salud Pública y Equidad en Salud en el Ministerio de Sanidad, y Juan del Llano, médico y director de la Fundación Gaspar Casal, que defendió que la prevención debería entenderse como un derecho y no únicamente como una actuación destinada a mantener la salud.
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Evitar el riesgo
La necesidad de reforzar la vacunación de adultos adquiere especial relevancia en España, donde la población está cada vez más envejecida y con una mayor prevalencia de enfermedades crónicas. A lo largo del encuentro se facilitaron datos que plantearon cómo los programas de inmunización en adultos pueden generar además un retorno económico relevante al evitar enfermedades y reducir el uso de recursos sanitarios.
Muchos de los ponentes se centraron en la importancia de detectar a las personas con un mayor riesgo y protegerlas antes de que aparezca una infección. Esto puede evitar que enfermedades prevenibles terminen provocando una descompensación, un ingreso hospitalario o una pérdida de autonomía.
Según Mónica López, investigadora experta en estadística, inteligencia artificial y análisis de datos en el área de vacunas de la Fundació per al Foment de la Investigació Sanitària i Biomèdica de la Comunitat Valenciana (Fisabio), a lo largo del ciclo de vida de una vacuna surgen numerosas preguntas relacionadas con su eficacia y su impacto en salud pública. «Los datos son una materia prima imprescindible para responder a esas preguntas de investigación», aseguró.
Ejemplos prácticos
Uno de los ejemplos más claros de esta necesidad de ampliar la protección en adultos lo ofrece el virus respiratorio sincitial (VRS). La Sociedad Catalana de Neumología (SOCAP) ha reclamado que la vacunación frente a este virus se incorpore al calendario del adulto en Cataluña antes del inicio de la temporada de mayor circulación, que se extiende aproximadamente de octubre a marzo.
El VRS se asocia habitualmente a la infancia, pero también puede provocar enfermedad grave en las personas mayores, especialmente cuando existen enfermedades respiratorias crónicas como EPOC, asma o bronquiectasias. La SOCAP recuerda que la infección puede desencadenar exacerbaciones, hospitalizaciones y, en los casos más graves, fallecimientos.
Núria Bruguera, especialista en neumología y miembro de la junta directiva de la SOCAP, destaca que el VRS puede estar infradiagnosticado en adultos y señala la necesidad de establecer estrategias tanto de diagnóstico como de prevención. Según los datos aportados por la sociedad, la mortalidad intrahospitalaria asociada al VRS en adultos mayores con comorbilidades puede alcanzar el 7,91%, frente al 6,91% registrado para la gripe.
Evidencia
La petición de la SOCAP llega acompañada de datos de vida real sobre vacunación frente al VRS. Estudios realizados en Inglaterra y Escocia con una vacuna bivalente han observado coberturas del 50% al 70 % en la población candidata y una reducción de las hospitalizaciones de entre el 30% y el 62 %.
En España, el Ministerio de Sanidad ha publicado recomendaciones de inmunización frente al VRS en adultos, especialmente para personas mayores de 60 años, inmunodeprimidas, institucionalizadas y determinados pacientes trasplantados. La SOCAP reclama ahora que esa protección se incorpore de forma estable al calendario de vacunación del adulto en Cataluña.